miércoles, 15 de diciembre de 2010

LA VOZ DE "AL FONDO HAY SITIO"
Un encuentro con el cantante juvenil del momento, Tommy Portugal

Responsables:
Katherine Córdova Mauricio
Amed Lonazco Lonazco
Josué Lozada Chira
Jesús Salvador Gutiérrez


Conseguir una cita con el intérprete de “Al fondo hay sitio” no fue tarea fácil. Debimos superar muchos contratiempos, como cambiar el lugar y día acordados hasta en dos oportunidades. Finalmente, el encuentro se realizó en su casa, luego de haber tenido varias reuniones con su madre y hermano menor. Ellos nos brindaron información inédita – por lo menos para nosotros –, la misma que nos fue de mucha utilidad.

Tommy Portugal es un muchacho sencillo y humilde que se gana la vida en base a esfuerzo y sacrificio. Su sueño siempre fue llegar a ser un cantante famoso, como el gran Héctor Lavóe. Es conciente del excelente momento por el que atraviesa. En agosto del 2009 teloneó en Lima a la "mujer de fuego", Olga Tañón. Debió enfrentar a más de treinta mil personas. Tal vez por eso todo lo vive con mucha calma.

ALGUNAS IMPRESIONES

Tommy es de las personas que se vuelven entrañables desde el primer momento en que las tratas. Lejos de los escenarios, los reflectores y las cámaras, mantiene su esencia y ha aprendido a diferenciarse de los demás cantantes juveniles: “A mí no me conocen por escándalos o problemas con la justicia”.

Viste un jean azul, zapatillas blancas, polo negro, y lleva aretes en ambas orejas. Mientras da algunos sorbos a una gaseosa, lo primero que nos cuenta es que hoy es el cumpleaños de su madre y que junto a ella, su enamorada y la pareja de su madre, había estado en Plaza San Miguel: “Le regalé una torta helada y un ramo de rosas color melón”.

La infancia de Tommy fue alegre, a pesar que desde muy pequeño trabajó vendiendo marcianos de fruta: “Caminaba por las calles cercanas a mi casa. Todo el dinero que ganaba se lo daba a mi madre”. Sin quererlo y sin saberlo, estos primeros contactos con gente a la que no conocía y debía "enamorar" fueron cincelando su personalidad de artista.

A los quince años tomó la decisión de convertirse en un cantante profesional. El sueño se cumplió cuando pasó a formar parte de la orquesta Internacional Bahía: “Tuve suerte pues la decisión de convertirme en un cantante profesional contó con el apoyo de mi familia”.

Dentro de unos minutos serán las seis de la tarde. El sol prácticamente se ha ocultado, pero la entrevista recién empieza. Nos interesa saber por qué vive aun con su madre: “Lo que pasa es que todavía no me he casado. Sí he vivido solo, en Chiclayo, hace cuatro años, cuando integraba la orquesta Caribeños de Guadalupe”.

HIJO MODELO

Como cuando era un niño y vendía marcianos de fruta para ayudar en la economía de la casa, Tommy nos cuenta que todo el dinero que gana – casi todo en realidad – se lo da a su madre: “Es como una cábala y hasta el día de hoy me ha funcionado”. Motivado por el buen momento económico que vive el país, ha incursionado en la realización de conciertos: “El concierto que dará Vico C en Lima la próxima semana lo estoy organizando yo”.

Junto a su agrupación musical, “La pasión”, ha realizado giras a Chile, Argentina, Ecuador y Estados Unidos: “Lo bonito de viajar es que conoces nuevas culturas, enfrentas otros idiomas, y descubres que afuera de tu país también reconocen tu trabajo”.

Dos de sus principales referentes musicales son papá Chacalón y Los Shapis, influencias que se dejan notar en su primer disco “Al fondo hay sitio”, distribuido por Sony Music. Su segundo álbum será producido y distribuido por la disquera peruana 1116, empresa que trabaja con los consagrados Eva Ayllón y Gianmarco.

VIDA PÚBLICA Y VIDA PRIVADA

Tommy nos dice que actualmente hay grupos de cumbia buenos y otros no tan buenos: “Lo que sucede es que ahora le dan más importancia a la imagen y no a la voz. Por eso al final no duran. Yo, en cambio, hago lo contrario. Me dedico más a hacer buena música. En ese aspecto soy muy exigente. No me interesa colgarme de escándalos para que reconozcan mi talento”. De hecho, el tema “Al fondo hay sitio” es la canción que más satisfacciones le ha dado: “La gente continúa reclamándola en mis presentaciones”.

En sus ratos libres Tommy juega Playstation con sus grandes amigos Luigi, Joao y Sebastián, y trata de pasar la mayor cantidad de tiempo con su familia. A pesar de ser un artista consolidado, para nada se siente famoso: “Para ser famoso me falta mucho. Famoso es Luis Miguel, a quien dicho sea de paso fui a ver al Jockey Club”.

Antes de despedirnos, la madre de Tommy nos ofrece un vaso de gaseosa, el cual aceptamos con mucho agrado: “A mí no me gusta decir que soy la mamá de Tommy Portugal. Yo no quiero que mis amigas cambien y dejen de tratarme como siempre lo han hecho”.










De izquierda a derecha:

Jesús Salvador Gutiérrez. 22 años. San Martín de Porres. Le interesan el periodismo y la producción audiovisual. Lo conocen como "Creativo".
Katherine Córdova Mauricio. 20 años. San Juan de Lurigancho. Le interesan el periodismo de investigación y la publicidad.
Amed Lonazco Lonazco. 18 años. San Marín de Porres. Le interesan el periodismo y la publicidad.
Josué Lozada Chira. 18 años. San Felipe - Comas. Le interesan el diseño gráfico y la producción audiovisual.







LA PLENITUD DE LA EXPERIENCIA HUMANA

Por Verónica Monteverde Carrera


Los seres humanos, desde que nacemos, atravesamos por momentos de inestabilidad y experimentamos sentimientos de dolor, preocupación y tristeza. A pesar de ello, tratamos de convencernos a nosotros mismos que llegaremos a ser felices cuando logremos la realización plena a nivel profesional, sentimental y económico. Pero ¿tenemos que esperar a que esa etapa de nuestra vida llegue para ser felices? ¿Y por qué no serlo ahora, en cada instante de nuestro día a día?
Esta interrogante nos lleva a pensar que la felicidad es un camino inacabado y no un destino predeterminado, que es un medio y un fin en sí misma, porque el tiempo no espera por nadie para ser feliz. Pero ¿dónde estaría realmente la felicidad?
A través de este ensayo deseo explicar que ser felices depende de nosotros mismos, de tener una vida plena que nos permita construir un mundo mejor. Y encontrar por fin lo que tanto buscamos: la felicidad.
Pero de esta manera surge otra interrogante ¿qué es felicidad? Normalmente definimos la felicidad como un estado de ánimo que se complace con la posesión de un bien. Pero para Sócrates y Aristóteles la felicidad era mucho más que eso: un bien supremo, considerado como el fin de todas las cosas (1). Un fin buscado por el hombre que debe ser suficiente para que la vida sea más deseable y no se necesite nada más. Por ejemplo: un médico busca el bien de la salud. El soldado la victoria, el marino la buena navegación, etc.
Son muchos los bienes que el hombre aspira alcanzar a lo largo de su existencia, pero no todos son de la misma jerarquía. Unos son más elevados que otros.
Jostein Gaarder menciona en su libro “El mundo de Sofía” que para Aristóteles existen tres clases de felicidad: la primera es una vida de placeres y diversiones. La segunda, vivir como un ciudadano libre y responsable. La tercera, una vida en la que uno es filósofo e investigador (2). Según este autor, las tres condiciones tienen que existir para que el hombre pueda vivir feliz: “No existe una forma única”.
Cabe aclarar que este bien no sólo radica en la riqueza, en los honores o en el éxito, sino en una vida virtuosa que debemos llevar para mantener la armonía con nosotros mismos y con los demás. En pocas palabras, para ser felices también necesitamos ejercitar la mejor parte del hombre, aquella que posee la razón. A esta razón le llamamos virtud, que es la que nos permite distinguir entre el bien y el mal. Vivir y obrar bien no es otra cosa que la causa y la consecuencia de la felicidad en sí misma, cuya base es la virtud.
Sócrates estaba convencido de que los buenos pensamientos nos llevarían a las acciones correctas, pues la virtud, como práctica del bien y del obrar humano, nos lleva a reflexionar acerca de cómo mejorar los actos propios del hombre. Por tanto, alcanzaremos la felicidad en la medida que desarrollemos la virtud en nosotros mismos.
En la ética aristotélica existen dos clases de virtudes: la prudencia y la sabiduría. La primera se dedica al perfeccionamiento del conocimiento y es la que nos va permitir discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es; mientras que la segunda cultiva la forma de ser de cada persona. De estas dos la más importante es la prudencia porque nos permite elegir los medios correctos. Es así que esta idea nos llama a la reflexión de que la felicidad depende de nosotros mismos. Esto debe abarcar no únicamente una perspectiva racional, sino también emocional. ¿Es imposible hablar del hombre sin hacer mención a su naturaleza dual: razón – sentimientos? ¿E igualmente es imposible hablar de un individuo sin sociedad? Ambos tienen una interdependencia por lo cual es preciso pensar no solo en el bien de uno mismo, sino también en el bien de la colectividad.
Como podemos darnos cuenta son muy pocas las personas que sabemos que tener una vida plena depende de nuestras propias potencialidades. Sin embargo, ¿no implicaría esto también un sacrificio? Ya que primero debemos aceptar nuestras adversidades. Somos libres de escoger en que camino ir, todo depende de nosotros mismos. Pero ¿por qué no asumir el reto? ¿Por qué no empezar desde hoy dándole un giro a nuestras vidas? Recordemos que no dependemos de lo que tenemos, sino de lo que verdaderamente somos en esencia. Hoy en día existen personas que distorsionan la verdad, cometen actos de corrupción y simultáneamente corrompen a la sociedad. ¿Alcanzarán ellos la felicidad?, me pregunto.
Para concluir este ensayo sobre la plenitud de la experiencia humana, quiero compartir la siguiente frase de Oscar Wilde: “Amarse a uno mismo es el principio de una historia eterna”.  Creo que estas palabras nos ayudan a reflexionar respecto a la plenitud humana y la oportunidad real de llegar a ser felices. Nuestro amor propio nos ayudará a tomar buenas decisiones y hacer lo correcto.
Ten presente que la felicidad nos exige ser prudentes y sabios.  La plenitud depende de nuestra capacidad para discernir y ver qué es lo más correcto para nuestras vidas. Así que cuando te sientas triste decide ser feliz, piensa en lo incorrecto que has hecho y empieza de nuevo. Disfruta todos los días de tu existencia y no te dejes agobiar por los malos pensamientos. Mucho menos esperes que llegue ese estar bien: ¡constrúyelo tú mismo! No hay mejor momento que el momento presente para ser feliz.


(1) Aristóteles. Gran ética. Ed.1. España: Juan Carlos García, 1984.  189pg.     ISBN: 84-499-7193-4
(2)
Garder, Jostein. El mundo de Sofía, novela sobre la historia de la filosofía. Ed. 37. 638pg. ISBN 8478443223, 97884784430222



















Verónica Monteverde Carrera. 18 años. Callao. Le interesa la producción audiovisual.






“A VER, SANCOCHADO, QUÉ PASA”
Una conversación con Guillermo Rossini


Responsables:
Emilio Alberca Ruíz
Joseph Bernardo Común
Jorge Buendía Ríos
Irvin Del Carpio Rodríguez


Sentado frente al monitor de mi computadora calo el humo de un cigarrillo que contamina mi cuerpo pero estimula mi mente. Debo recrear mi primera incursión periodística, el más emocionante de los trabajos que he realizado hasta ahora.

Tercer jueves de octubre. El profesor de Comprensión y construcción de textos solicitó que formáramos equipos de trabajo y trazáramos un plan para realizar una entrevista. Como ya es costumbre, Jorge (el “Bana”), Emilio (el “Gordo”), Joseph (el “Cuy”), y yo (el “Chato”) decidimos trabajar juntos:

Emilio: “Chato”, entrevistamos a Freddy Ternero como en el primer ciclo.
Irvin: No creo, “Gordo”. El otro día le escuché decir a mi viejita que está de vacaciones y que vuelve en un mes.
Emilio: ¿Ah, sí? ¿Y ahora a quién entrevistamos? ¡Piensa, "Cuy", piensa!
Jorge: ¡Ya sé! Hay que entrevistar a Efraín Aguilar, por el “boom” de su miniserie.
Irvin: Pero va ser bien difícil. Mejor porque no entrevistamos a Miguel Barraza.
Joseph: Claro, Barraza es más accesible. Vamos a su cebichería, le invitamos un par de “chelas” y lo entrevistamos.
Emilio: No pasa nada. Efraín Aguilar es la voz. Si le ponemos fe nos da la entrevista.
Irvin: Bueno, entonces entrevistamos a “Betito”. Y ¿cómo hacemos?
Jorge: No se preocupen. Yo me encargo de sacar la cita.

Finiquitado el primer paso correspondía dar el siguiente: conseguir la mayor cantidad de información sobre Efraín Aguilar y con ella elaborar un cuestionario de veinte preguntas. Con el transcurrir de los días todo empezaba a complicarse. Conservábamos una pequeña esperanza. El cuestionario vivía aun:

Irvin: ¿Aló, Jorge? ¿Qué fue de la cita?
Jorge: Chato, te tengo una mala noticia.
La atmósfera se puso tensa.
Irvin: Yo sabía que Efraín Aguilar nos iba a fallar. ¿Qué pasó?
Jorge: Dice que no puede ser esta semana, pero si queremos nos la da dentro de un mes.
Irvin: Ya sabía, “Bana”. Yo les dije que Efraín no. Barraza era la mejor opción, pero ustedes no quisieron. ¿Ahora qué hacemos?
Jorge: No sé. Habrá que buscar otro personaje.
Irvin: Es fácil hablar, pero difícil actuar. Solo nos quedan unos días para conseguir la entrevista, editarla y entregársela al profesor.
Jorge: Ya pues, “Chato”, no te pongas así. Ninguno pensaba que Efraín Aguilar nos iba a cancelar.

Ahora sí nada podíamos hacer por el cuestionario: había fallecido luego de una semana en cuidados intensivos. No quería renegar ni menos frustrarme. En ese momento recordé dos consejos que solía escucharle a mi abuela: “Dios sabe por qué lo hace”, y “Las cosas siempre suceden por algo”.

Irvin: Bueno, ya no se puede hacer nada. Llama al “Cuy” y al “Gordo” y coméntales lo sucedido. Diles que se conecten al MSN para ver cómo nos reorganizamos.
Jorge: Está bien, amigo. Yo les aviso. No te preocupes.

Todo volvió a la calma. Ahora había que escoger un nuevo personaje. Dos quedaron en el bolo: Federico Salazar y Daniel Peredo. La primera opción se cayó antes de veinticuatro horas: Federico Salazar estaba de vacaciones. Le enviamos un mensaje a Daniel Peredo a su cuenta de Facebook: nunca nos respondió. A pesar de ello no dejaríamos morir otro cuestionario.

A dos días de la entrega del trabajo no teníamos nada. Acordamos ir al edificio de Cable Mágico, ubicado frente a la Vía Expresa. Todo estaba listo. Ya habían transcurrido noventa largos minutos desde que el “Bana”, el “Gordo” y yo tomamos el autobús que nos dejaría en nuestro destino. El calor nos sofocaba más de lo que ya estábamos. Debido a la emoción y nerviosismo nos pasamos hasta el Jockey Club, cuando debimos bajar en el paradero de Aramburú:

Emilio: “Chato”, creo que ya llegamos.
Irvin: Estamos en el trébol de Javier Prado, pero la verdad no sé si es aquí.
Jorge: Ya vez, sabelotodo. Yo te dije que debíamos bajar en la Vía Expresa.
Irvin: ¿En qué momento dijiste eso?
Jorge: Cuando el autobús cruzó la Vía Expresa con Javier Prado.
Emilio: Todo por la culpa del sabelotodo del “Chato”. No debimos hacerle caso.

Decidimos dejar la discusión para otro momento y preguntarle a cualquier transeúnte dónde quedaba Aramburú. El cobrador de una Couster nos lo dijo: “Tienen que volver hasta la Vía Expresa, cruzan pal frente y de allí se van pa la mano izquierda”. Después de esa catedrática explicación evaluamos tres opciones: ir hasta el edificio de Cable Mágico, comer algo y retomar nuestra travesía, abortar la misión.

Por votación ganó la mayoría y decidimos ir hacia Aramburú en busca de Daniel Peredo. Sin imaginárnoslo lo peor estaba por suceder. Subimos al autobús que nos dejaría en aquel templo. Pero cuando llegamos el templo se convirtió en mazmorra ya que en ese lugar no trabajaba Peredo, sino en el edificio de Media Networks, ubicado en el distrito de Jesús María. En ese momento tuvimos que tomar la triste decisión de sepultar otro hijo (cuestionario).

Nuestros ánimos estaban por los suelos. La apatía invadía cada célula de nuestros cuerpos. De repente nos asaltó una idea: presentar una foto junto a un famoso, inventar veinte preguntas, redactar una entrevista y dar por terminado el calvario. Con algunas artimañas podíamos engañar al profesor y obtener una nota aceptable. Pero en nuestros corazones sabíamos que eso no era lo correcto. A lo mejor fue el periodista que los cuatro llevamos dentro quien nos motivó a no darnos por vencidos.

Nuestros ánimos crecían conforme nos acercábamos al edificio de RPP, la radio de noticias más importante del país. Al llegar le dijimos a uno de los vigilantes que éramos estudiantes de Ciencias de la Comunicación y le preguntamos si nos podía dejar pasar. Nos dijo que no. Sin embargo, nos dio un dato que resultaría decisivo para nuestro trabajo: “Ahorita están al aire “Los chistosos”. Con ellos pueden hablar. Manolo Rojas siempre sale primero, caminando. Luego sale Vidaurre manejando su carro, pero él es más creído. Al que sí pueden entrevistar es al tío Rossini. Ahorita sale en su carro rojo. Él es recontra buena gente”.

Ni bien lo vimos salir lo abordamos. Amablemente le solicité una entrevista para el día siguiente. Su respuesta fue “No puedo”. No me di por vencido he insistí. Para alegría nuestra escuché de su voz la gloria, la dicha absoluta: “Está bien. Mañana vienen y le dicen al encargado de seguridad que los deje entrar porque tienen una entrevista con Rossini”. Aquellas palabras nos devolvieron a la vida.

Guillermo Rossini nos citó a las 4:15 p.m. y exigió puntualidad. Sin imaginármelo, el destino nos tenía preparada una última sorpresa. Faltaban treinta minutos para que terminara el programa “Los chistosos” cuando ingresa una llamada a mi teléfono móvil:

Jorge: ¿Alo, “Chato”? ¿A qué hora llegas?
Irvin: Jorge, creo que no llego. Todavía estoy en la Av. Aviación. Si el tiempo me gana entras con el “Cuy” y lo entrevistan los dos.

Pronuncié esas palabras con el dolor de mi corazón pues había sido yo quien consiguió la entrevista y por lo tanto era a mí a quien le correspondía realizarla. Las agujas de mi reloj avanzaban cual correcaminos. A ratos recordaba la entrevista que le había realizado a Freddy Ternero y la sensación de que pude haberlo hecho mejor. Esta era la oportunidad que tanto había esperado. Guillermo Rossini aguardaba en el edificio de RPP. Decidí bajar del autobús y emprender el tramo que quedaba a la carrera:

Irvin: Bajo aquí.
Cobrador: Aquí está prohibido. El paradero es más adelante.
Irvin: O sea que tú quieres que te haga caso para que, de pasada, aproveches y recojas algunos pasajeros.
Cobrador: Aquí no es paradero.
Irvin: Allí tampoco, así que abre la puerta que tengo una cita con Guillermo Rossini.

Corrí hasta Metro. Di un respiro y continué hasta RPP. Llegué sudando. Para mi sorpresa mis amigos nos estaban. El vigilante, buena gente, me pidió mi DNI y me dejó entrar. Debía subir hasta el cuarto piso. El ascensor estaba lleno, que digo lleno, repleto. No me quedaba otra opción que trepar por las escaleras. Como una ráfaga de luz llegué en segundos. Ingresé a la sala de espera y allí veo al “Cuy” y al “Bana”. Los saludo y me desparramo en uno de los sillones desocupados. Para mi suerte el tío Rossini recién salía de la cabina desde donde se produce el programa “Los chistosos”.

Por fin el destino empezaba a sonreírnos. Saludamos a nuestro entrevistado, quien desde el saque nos demostró por qué es considerado uno de los comediantes más talentosos del país: “¿A ver, sancochado, qué pasa?”. Sonriendo por su ocurrencia volví a explicarle que debíamos entrevistarlo. Nos condujo a un cuarto ubicado en el mismo piso. Allí se realizó la entrevista.

El inicio fue de lo mejor. La primera pregunta que le hice fue qué se sentía ser considerado el humorista más querido del país. Su respuesta lo pintó de cuerpo entero: “¿Qué, yo soy el más querido? No lo sabía”. El cuarto explotó en carcajadas. Con la siguiente pregunta buscaba averiguar cuál había sido su primera imitación. Pensó la respuesta por un momento y luego respondió: “Yo imito desde muy pequeño. Iba a los cines, ya que antes se transmitían noticieros, y copiaba las voces de los locutores de la BBC de Londres”.

Mi curiosidad aumentaba. Le pregunté por el gran Augusto Ferrando. No vaciló ni un segundo: “En el hipódromo fue donde Ferrando se dio cuenta de mi talento para narrar las carreras de caballos. De allí me jaló para que me presentara en Trampolín a la fama”. ¿Y quién fue el primer político al que entrevistó? “A Morales Bermúdez y a todos los integrantes de la junta militar. Gracias a esas imitaciones, Carlos Álvarez y Jorge Benavides son famosos”.

Hubo un tiempo en que Guillermo Rossini fue regidor de la municipalidad de Jesús María. Quise saber si esa labor lo alejó del humor. Su respuesta volvió a sorprendernos: “A mí nunca me gustó ser regidor, pero las ganas de ayudar al pueblo eran más grandes”. Su permanencia en la televisión se vio interrumpida cerca de dos años. La edad y el cuerpo ya no respondían de la misma manera. Para su regreso le ofrecieron un mejor ambiente laboral (la edad ya no le permite estar demasiado tiempo de pie). ¿Y cuál ha sido la imitación más complicada? “La mejor y la que más satisfacciones me ha dado es la del presidente Manuel Prado, junto a la de Morales Bermúdez. Nunca tuve miedo a sufrir represalias porque las hacía con respeto y ética profesional”.

Con la siguiente pregunta buscaba descubrir las claves de su éxito. El señor Rossini nos miró y me dio una respuesta que me pareció una lección de vida: “La dedicación y perseverancia, hijos”. ¿Y qué planes tiene para el próximo año? “Como un abuelito que anda con su bastoncito quiero continuar robándole carcajadas al público, hasta que Dios me de vida y me diga “Rossini, ya vámonos”. Y ahora me disculpan pero me tengo que retirar”. Incluso al hablar de su futuro se dio el lujo de bromear con nosotros.

El “Bana” aprovechó para pedirle un autógrafo: “Es para mi abuelita”, le dijo. El señor Rossini lo miró de reojo, le mostró los dientes, y recordó que hace un tiempo una muchacha le robó un autógrafo con la misma excusa. “Bueno, pues, me saludas a tu abuelita”.

Ya en la calle quisimos celebrar nuestro primer gran triunfo académico. Fuimos a Metro, compramos un panteón y una gaseosa de litro y medio y caminamos hasta el parque más cercano. Como solía decir mi abuelita: “Las cosas siempre suceden por algo”.















De izquierda a derecha:

Irvin Del Carpio Rodríguez. 19 años. San Martín de Porres. Le interesan el periodismo deportivo y cultural.
Joseph Bernardo Común. 18 años. San Martín de Porres. Le interesan el periodismo deportivo y la producción audiovisual.
Emilio Alberca Ruíz. 19 años. San Martín de Porres. Le interesa el periodismo deportivo.
Jorge Buendía Ríos. 18 años. El Rímac. Le interesan la producción audiovisual y el periodismo de investigación.









EL DRAMA DEL OTRO: UNA APROXIMACIÓN A LA TETA ASUSTADA


Por Oscar León Venegas (1)

A Magaly Solier

Fausta es hija de la violencia y por eso se muestra distante, desconfiada, tímida. Su madre le transmitió el miedo a través de la leche materna. Debido a ello lleva una papa en su vagina: así cree que no la violarán como a su progenitora, víctima directa de la guerra interna que azotó al país. Fausta sufre de sangrados nasales y desmayos constantes: padece el mal de “La teta asustada”. Pero ese no es su verdadero drama. Su drama, en realidad, es otro.

Fausta es discriminada por hablar un idioma distinto, por tener costumbres distintas, por provenir de un lugar distinto. Su madre ha muerto en Lima, pero ella desea enterrarla en su pueblo, como corresponde a su imaginario. Desgraciadamente no cuenta con el dinero que necesita para transportarla, y el tío que la acoge no está en capacidad de ayudarla porque considera que ese viaje es innecesario y porque pronto celebrará el matrimonio de su hija mayor: está gastado.

Él, al igual que muchos inmigrantes, ha adoptado las costumbres de la capital, algo que Fausta no comprende (en una de las escenas Fausta le exige a su tío que la respete). De allí que la relación que mantiene con él sea igual de distante que la que mantiene con los demás (léase otros). A pesar de ello y por intermedio de la esposa de su tío, Fausta es contratada como sirvienta. Con el dinero que ganará espera transportar el cuerpo de su madre a su pueblo. Ingenua, solicita un adelanto, el cual como era de esperar no se le concede.

La dueña de la casa donde Fausta trabaja es una pianista egoísta y soberbia que pronto ofrecerá un recital. La mujer no logra culminar su trabajo, cosa que la angustia y desespera al punto de destrozar su piano a escasos días de su presentación. La comunicación entre ambas es mínima (la patrona jamás la llama por su nombre). La única persona con quien la muchacha se comunica, y en quechua además, es el jardinero de la casa donde trabaja. Él intuye/comprende el dolor de Fausta y mediante sus conversaciones busca “podar” el terrible trauma que la aqueja y le impide ser feliz.

Cuando Fausta sufre de sangrados nasales o está triste inventa canciones que interpreta para sí (antes lo hizo también para su madre). Su patrona, luego de escucharla, le ha prometido un collar de perlas a cambio de que le tarareé una de las canciones que acostumbra entonar. Ella acepta el trato, pero la patrona la engaña debido a que no cumple su promesa, y lo que es peor la despide luego de lograr su cometido, abandonándola en medio de una avenida, de noche, sin importarle la integridad de la muchacha en lo más mínimo. Sin embargo, Fausta consigue hacerse del collar antes de dejar la casa de la pianista. Era lo justo, lo que correspondía.

A pesar de su esfuerzo, Fausta no consigue reunir el dinero que necesita para transportar a su madre. Ante la urgencia de deshacerse del cuerpo inerte de la prima (los días pasan y el cuerpo embalsamado de la anciana mujer empieza a ser una presencia perturbadora), el tío de Fausta alquila un camión y emprende, junto a su familia, el largo viaje al pueblo de su sobrina. Mas en un tramo de la carretera ella se arrepiente y decide que mejor será enterrar a su madre allí mismo, en una playa, en la costa, junto al mar.

Aparentemente ha comprendido que debe empezar a olvidar el pasado y hacer suyas las costumbres de la capital. Como todos, como casi todos.


(1) Chorrillano. Educador y comunicador.







SOÑÉ SER MÉDICO PARA CURAR A MI MADRE

Una conversación con Felipe Castillo, flamante alcalde de Los Olivos por quinta vez


Responsables:
Edmundo León Rojas
Héctor Santos Salcedo
Johnny Vega Rivero
Nixon Villalobos Acuña


Pronto serán las ocho de la mañana. Los nervios propios del debut hacen que mis manos suden. Una hora antes estábamos en la casa de Johnny, ubicada a pocas cuadras de la universidad en la que estudiamos, la UCV de Los Olivos. Sabemos algunas cosas del alcalde, como que nació en Marcará, Ancash, y que es médico obstetra. Buscamos en diarios y en la internet información acerca de él, pero la mayoría de notas están relacionadas a su faceta política. Con grabadora y cámara digital en mano trepamos a un station vagon rumbo a la municipalidad de Los Olivos.

Preguntamos por el alcalde y nos dijeron que su oficina quedaba en el tercer piso. Me percato que los empleados nos miran con curiosidad y las secretarias ponen la indispensable cuota de belleza. Nos anuncian. El temor a no ser atendidos se apodera del pensamiento de los cuatro. Luego de algunos minutos un sonriente Felipe Castillo nos devuelve la tranquilidad al invitarnos a ingresar a su oficina. Sobre el escritorio llama mi atención un pequeño retrato familiar: junto a él aparecen su esposa y sus tres pequeños hijos. “Son mi mundo”, nos dice.

Seis floreros con rosas de diferentes colores adornan la oficina y la impregnan de un aroma agradable. En una esquina la bandera peruana descansa junto a la bandera del distrito. El teléfono móvil del alcalde suena repetidas veces. Contesta. Da algunas indicaciones. Vuelve a sonar. “Vamos a mi casa, mejor”. Hace una llamada y luego nos pide que lo acompañemos. A la entrada de la municipalidad una elegante camioneta 4x4 ploma nos espera para llevarnos a la casa del alcalde.

El chofer tiene cara de pocos amigos. Debido a que no hay tráfico maneja despacio, tranquilo. Nos detenemos en el cruce de dos avenidas y dos conductores saludan a lo lejos al alcalde. Después de recorrer varias calles llegamos a la clínica Santa Rosa de Lima: “Hemos llegado. Aquí vivo”. Una belleza de ébano nos invita a pasar al hall de la casa. Allí, en la comodidad de su hogar, y sin la interrupción de llamadas telefónicas ni empleados del municipio, Felipe Castillo se dispone a abrirnos el baúl de sus recuerdos. Cuadros con paisajes y gentes de la serranía adornas las paredes.

“Yo nací en Marcará, un pueblito ubicado a veinticinco kilómetros de Huaraz, en 1949. En Marcará las personas se dedican al cultivo de papa y maíz. Pocos conocen sus ríos y quebradas. En sus callecitas transcurrió mi infancia, al lado de mis hermanos Isaac y Elizabeth. Cuando todavía era pequeño mi madre enfermó de apendicitis y tuvo que ser permanecer hospitalizada seis meses. Por eso decidí ser médico. No fue fácil, sobre todo por que la economía familiar era escaza”.

Como muchos provincianos, Felipe Castillo hizo de la necesitad un motor para alcanzar sus metas. Ingresó a la Facultad de Medicina Humana de la Universidad Nacional de Trujillo, en 1970, y se graduó diez años después. Su primer trabajo como médico fue en Sihuas, Ancash, en 1981. Luego se trasladó a Lima para seguir estudios de especialización en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Cayetano Heredia. ¿Por qué incursionó en política?, le preguntamos. “Me di cuenta que vivía en un distrito que tenía el potencial para ser el polo de desarrollo económico de Lima norte. Pensé que podía hacer algo para solucionar la falta de servicios básicos y mejorar la seguridad. Por eso en mi primer gobierno mi trabajo se dirigió a organizar y recuperar el ornato del distrito”.

En 1996 Felipe Castillo es reelegido por primera vez. “La municipalidad funcionaba en una casa. Estaba totalmente desorganizada y mi deber era ordenarla”. En 1998 renuncia al partido oficialista Cambio 90 y crea su propia agrupación política, Siempre Unidos. En su tercer gobierno el objetivo que se traza fue mejorar las pistas, veredas y áreas verdes. También se propuso dotar de servicios básicos a los AA. HH. del distrito. “Ahora en Los Olivos tenemos un hospital municipal, un palacio de la juventud, avenidas correctamente señalizadas y muchos parques en los que juegan los niños. Por eso he vuelto a postular, porque siento que mis vecinos me necesitan y yo quiero lo mejor para ellos”. En esta ocasión, la quinta desde que fue elegido alcalde por primera vez, obtuvo más del 60% del total de votos: un porcentaje altísimo. “Soy fanático de Los Olivos y de aquí nadie me mueve. Si quisiera podría tener mi casa en La Molina, pero no quiero. Cuento con el respaldo de mis amigos y de los vecinos y eso me motiva a seguir adelante”.

Las obras que espera concretar en este nuevo gobierno municipal son La red de comunicaciones y La universidad y Caja municipales. ¿Y luego qué? “Tal vez la municipalidad de Lima o la presidencia, pero eso se verá más adelante”. Felipe Castillo sabe que el tema de la inseguridad ciudadana es la piedra en el zapato en la mayoría de distritos. Por eso se ha propuesto enfrentar el problema y darle solución: “Contrataremos más personal de serenazgo. Además, pondremos cámaras de vigilancia en las zonas de mayor riesgo. Así identificaremos a los malhechores y luego la justicia se encargará de darles el castigo que se merecen”.














Haz como si dibujaras un cerrito y medio:

Johnny Vega Rivero
Héctor Santos Salcedo
Edmundo León Rojas
Nixon Villalobos Acuña







EL VOLEY ES ALGO MÁS SERIO DE LO QUE SE PIENSA


Una entrevista a Leyla Chihuan


Responsables:
Diego Bustos Arenas
Miguel Huancas Gutiérrez
José Miguel Maldonado García
Verónica Monteverde Carrera
María Salinas Bravo
Brian Velásquez Hoyos


Leyla Chihuan es una deportista profesional. Excapitana de la selección peruana de voley de mayores, en el último campeonato mundial realizado en Japón fue elegida la mejor voleibolista peruana. De un metro ochenta de estatura y treinta y cinco años, esta morena aguerrida siempre vivió en Breña, junto a sus tíos, hermanos y primos.

Las calles de su barrio están llenas de grafittis. Su casa, de aspecto sencillo, es de dos pisos. Una puerta de madera brillante nos da la bienvenida. Nuestros ojos repasan las paredes verdes y crema. El ambiente en el que esperamos es pequeño, tal vez por ello nos sentimos acogidos, como si fuéramos de la familia.

Leyla Chihuan aparece luego de aproximadamente diez minutos. Nos acercamos a ella y la saludamos con un beso en la mejilla: debemos empinarnos. Acto seguido la espigada morena nos dice: “A ver, chicos, empecemos”.


SU NIÑEZ

¿Cómo fue su infancia?
Yo nací aquí mismo, en Breña, y siempre me he mantenido aquí, en mi barrio. Esta fue la casa de mis padres y de mis abuelos. Aquí hemos vivido siempre, juntos.

¿Es cierto que fue una niña traviesa?
Sí, y bastante. Yo soy la última de seis hermanos. Parecía una “nena dulce”, pero en realidad era una “niña terrible”.

¿Qué cosas hacía?
Lo normal, lo que hace todo niño travieso: tocar timbres y salir a la carrera, estar en la calle hasta tarde, entrar a casa para comer, ducharme y salir nuevamente. Recuerdo que un día cogí una pelota de cuero, la llené de piedras, la coloqué a un lado del puente Tingo María y le pedí a un señor que me la pasara. El hombre tomó carrera, corrió y al momento de patear la pelota ya imaginarás lo que pasó. El pobre no paraba de gritar.

¿No era vanidosa?
No. Para mí lo más práctico siempre ha sido ponerme una camisa, un short y salir a jugar.

¿Se considera una mujer luchadora?
Sí. Vamos, desde pequeña en casa siempre había que ayudar en algo. Era traviesa pero responsable. A los nueve años yo cocinaba para mi hermana y para mí.

Algunas palabras Leyla las pronuncia como española. Sucede que nuestra capitana jugó en la Superliga de voley de España durante cinco años. Los años 2005, 2006 y 2007 defendió al Visual Home Benidorm, el 2008 y 2009; al Diego Porcelos y el 2009 y 2010; al Club de Voley Miranda.

¿Cómo era la relación con sus padres?
Muy buena. Al menos con mi madre. Ella siempre me apoyaba en todo. Mi padre tenía una forma de ser bastante especial. Él siempre me baja de mis nubes y era bien exigente conmigo.


LAS CANCHAS

¿Qué tal la experiencia de participar en el último mundial de voley femenino?
Las experiencias que te deja competir con las mejores jugadoras al más alto nivel son muchas, algunas buenas y otras malas. Lamentablemente no se puede volver atrás para corregir los errores cometidos, pero considero que hasta donde llegamos fue gracias a nuestro trabajo.

¿Cómo se sintió al enfrentar a jugadoras más grandes en talla?
Para mí no fue nada nuevo porque en Europa todas las jugadoras son altas.

¿Qué cree que le faltó al equipo para obtener el primer lugar?
Más entrenamiento y más roce internacional. Algunas jugadoras se sintieron intimidadas al enfrentar a selecciones con un tipo de preparación diferente.

¿Qué rescata de la experiencia?
Que no puedes hacer nada si no sabes a lo que te metes.


PRESENTE Y FUTURO

¿Mantiene su deseo de retirarse?
Ya tomé la decisión. Es tiempo que trabaje de otra manera. Ahora es la oportunidad para las jóvenes que tanto desean jugar. Si era yo un impedimento, que ahora luchen.

¿Por qué el voley profesional no recibe el apoyo que requiere de parte del Estado?
No lo sé. Aquí se invierte más en el voley amateur. Yo veo que en otros deportes se invierte como auspiciador y esa inversión se recupera mediante ventas. Eso no ocurre en el voley. Por eso creo que el voley debería declararse deporte nacional. Así se pondría más dinero. También debería hacerse una mejor selección de las jugadoras. Ya no es momento de convocar jugadoras de 1.75 m. cuando el nivel internacional es de 2.0 m.

Usted ha mencionado muchas veces que desea ser mamá, ¿mantiene ese deseo?
Estoy en una etapa de mi vida en la que me lo planteo permanentemente. Tengo treinta y cinco años y mientras más tiempo pase más difícil será.

¿Y cómo se ve en el rol de madre?
Igual que en mi rol de tía: consentidora, juguetona, dando de mí en todo lo que sea posible.

Si tuviera una niña, ¿le gustaría que sea voleibolista como usted?
No.

¿Por qué?
Porque he sufrido mucho. Esto es muy difícil y quisiera para mis hijos lo mejor.

¿Qué consejo les da a las niñas que desean dedicarse al voley de manera profesional?
Que se tomen el voley en serio. No se trata de salir en televisión, en los periódicos y firmar autógrafos. El voley es un compromiso con uno mismo, con su familia, con el país.














De izquierda a derecha:

Brian Velásquez Hoyos. 18 años. Los Olivos. Le interesan las relaciones públicas y la música.
Miguel Huancas Gutiérrez. 20 años. Callao. Le interesan la producción audiovisual y el periodismo de investigación.
Verónica Monteverde Carrera. 18 años. Callao. Le interesa la producción audiovisual.
María Salinas Bravo. 21 años. Los Olivos. Le interesa la publicidad.



“COOL”

Por Vanessa Picón Vargas

Era la típica chica cool, siempre vestida con lo último de la temporada. No podía llevar el mismo par de zapatos todos los días, menos salir a la calle sin un labial en el bolso.
Prefería llegar tarde antes de salir sin maquillaje. La belleza duele y verse bien puede tomar mucho tiempo. Debía mantener siempre la figura ideal o por lo menos hacer el intento.
A él no le importaba mucho su aspecto. Siempre estaba desarreglado, con pinta de rapper. Sus pasiones eran el Hip - hop y alentar al equipo de sus amores.
El primer día de clases ella estaba algo nerviosa. Lo único que pasaba por su mente era verse chick. Él solo quería que el tiempo pasara lo más rápido posible.
Bastó un intercambio de miradas para que quedaran profundamente enamorados. Por cosas de la vida ella vivió en un barrio del Callao bastante caliente. Tal vez por eso le gustan los rappers y las amistades movidas.
Se sentaban en lados opuestos del salón. Ella en una de las primeras carpetas. Él buscaba pasar desapercibido en una de las esquinas. La expresión trabajo en equipo llegó a sus oídos. Así comenzó todo.  
El profesor escogió las parejas por orden de lista. El destino quiso que compartieran algo más que un salón. Ahora también pasarían las tardes pensando en el trabajo que tenían que realizar.
Ella sentía un gran interés por él. Él pensaba que ella era una chica aburrida que jamás dejaría su burbuja. Luego de tres semanas se dieron cuenta que habían empezado a construir algo más que una amistad.
Para el resto de la clase resultaba extraño verlos juntos, algo que les importaba poco. Los rumores que se escuchaban en los pasillos de la universidad eran sellados por los besos que se daban en cada piso.
Dos meses fueron suficientes para que sintieran que el amor había llegado a sus mundos. Al mismo tiempo descubrieron que habían dejado de lado muchas cosas. Cosas que tarde o temprano tendrían que retomar.
Ella moría por visitar los centros comerciales, él por salir con sus amigos del barrio. Ella mataba por ir de shopping, él por participar de alguna de las movidas en su bloque.
Ambos querían encajar en los círculos del otro, pero él jamás dejaría de ser él y ella jamás dejaría de ser ella. El tiempo pasó y los problemas empezaron a ser mayores.
Ella ponía excusas ante sus amigas para no ir a las patronales pues a él no le gustaba acompañarla. Todo empezó a complicarse conforme pasaba el tiempo. Ella pensó que la manera de solucionarlo era devolviéndole su libertad.
De repente el dinero y el estatus social dejaron de importarle. Ahora era ella quien deseaba ir a los partidos de fútbol. Empezaba a mirar la vida de una forma que jamás imaginó.
Una tarde, cuando salía de sus clases de inglés, lo divisó a lo lejos. Con la mirada temerosa y la cabeza agachada allí estaba él, de la misma forma como lo había conocido.
El destino volvía a unirlos. Sus ojos no podían ocultar el amor que aun seguían sintiendo. Sin importar lo ocurrido ella corrió a sus brazos. Los dos se besaron como unos chiquillos enamorados.
Ella lo tomó del brazo y le pidió que perdonara todas sus equivocaciones. Él, con lágrimas en los ojos, le dijo que esta vez no habrían obstáculos que impidieran que la amara para siempre.














Vanessa Picón Vargas. 19 años. Callao y San Martín de Porres. Le interesa el periodismo deportivo.